Sabiduria.



Los labios de la sabiduría permanecen cerrados, excepto para el oído capaz de comprender

Las VPO



Hay leyes buenas, que protegen a los trabajadores, las promulgue quien las promulgue. Jamás en mi intención manifestar quien es mejor que los demás, pero sí reafirmar que los sistemas políticos están en función del comportamiento ético de las personas que ejercen el gobierno. Se trata de una paradoja, podemos dudarlo, pero fue real el hecho de que hubo una legislación que protegía a los trabajadores, o por lo menos algunos artículos en concreto, pues soy consciente que habrá quien afile las garras.
. Veamos el caso que nos ocupa: Las Viviendas de Protección Oficial.
¿Qué eran en su origen las VPO? Las antiguas Vivienda de Protección Oficial, hoy conocidas como VPP (Viviendas de Protección Pública), eran una solución política costeada con recursos públicos para facilitar el acceso a una vivienda digna de aquellos trabajadores con las rentas más desfavorecidas. La fórmula era simple: no todo el mundo puede comprarse una casa, pero la Administración, en colaboración con el sector privado, construía inmuebles asequibles para dar respuesta a esta demanda de limitado poder adquisitivo.
Esto fue un hecho empíricamente demostrable, basta con dar un paseo y ver la cantidad de inmuebles construidos al amparo de aquella legislación, así como las numerosas escrituras que se realizaron en su momento.
El objetivo inicial, cito textualmente la ley del 15 de julio de 1954, era: a) Orientar socialmente la construcción de viviendas en beneficio de las familias económicamente débiles. B) Dirigir técnicamente y ordenar esta actividad constructiva con la colaboración, en su caso, de los Organismos oficiales interesados. C) Proteger económicamente la edificación de tales viviendas, confiriendo los beneficios establecidos en esta Ley y velando por su mejor uso, aprovechamiento y administración. D) Atraer y fomentar la iniciativa privada, a fin de lograr su concurso para la edificación de toda clase de viviendas.
Por tanto esta, y las siguientes leyes que se publicaron, pretendían facilitar la vivienda a las familias económicamente débiles e incentivar la iniciativa privada, apoyados, ambos sectores por la administración pública.
Fue la época del ladrillo, del desarrollo y del crecimiento económico. Buenas o malas viviendas, pero el hecho es que las familias con escasos recursos tuvieron acceso a una vivienda digna. Tan abundante éxito tuvo que todavía podemos encontrar en nuestras ciudades y pueblos innumerables edificios construidos en esta época.
¿Cuál fue el secreto de este éxito? Citaré en esta ocasión lo expuesto en el Decreto 2114/1968, de 24 de julio, por el que se aprueba el Reglamento para la aplicación de la Ley sobre Viviendas de Protección Oficial, texto refundido aprobado por Decretos 2131/1963, de 24 de julio, y 3964/1964, de 3 de diciembre.
Se adoptaron algunas medidas impensables e inaceptables para los políticos (de todos los colores y tendencias) de la actualidad como:
Gozar de exención TOTAL del Impuesto General sobre Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados (artículo 43).
Se bonificaba el 90 por cien las cuotas de los intereses de préstamos (artículo 44).
Se bonificaba el 90 por 100 de la parte de cuota que corresponda a los beneficios que las Sociedades (artículo 45).
Las empresas estaban exentas del Impuesto General sobre el Tráfico de las Empresas (artículo 46).
Las VPO gozaban durante UN PLAZO DE VEINTE AÑOS, de una bonificación del 90 por 100 de la base imponible de la Contribución Territorial Urbana (actual IBI) (artículo 47). 
Esta misma bonificación se aplicaba sobre TODO ARBITRIO O TASA establecido por el Estado, las Diputaciones, Cabildos Insulares, o Ayuntamientos.
Se bonificaba el 90 por cien sobre el Incremento del Valor de los Terrenos (plus valía)

En la actualidad resulta increíble que algún político pida que el pueblo trabajador, acogido a las VPO goce de una exención del IBI durante 25 años, o que no pague tasas ni arbitrios por la vivienda y mucho menos una reducción del 90 por cien del Plus Valía.
Estas medidas crearon un desarrollo urbanístico, mejor o peor, que permitió el acceso a las viviendas por parte de la clase trabajadora, consolidó la clase media, evitó los OKUPAS (fenómeno social del siglo XXI) y reguló la situación para que no se produjeran los desahucios masivos que han ocasionado las actuales entidades financieras.
Sin embargo las cosas cambiaron, en parte por la picaresca de los españoles, algo de inflexibilidad legal pero sobre todo, al llegar la década de los años ochenta, los gobiernos de turno (de derecha y de izquierda) perdieron interés por elaborar planes nacionales de la Vivienda, encontrando más interesante, para ellos, la eliminación de las correspondientes bonificaciones y exenciones así como “liberalizar” el mercado. Otro factor importante en la decadencia de las VPO fue que las Cajas de Ahorro pasaron a manos de los partidos políticos y dejaron de ser entidades sin ánimo de lucro.
Era necesario, PARA ELLOS (esta vez en mayúscula), desarrollar una mayor gestión recaudatoria ante el volumen de construcciones realizadas. Fuente de ingresos estatal, autonómico y local, a cambio de unas subvenciones, en apariencia jugosas, pero que fueron cediendo el terreno inmobiliario a los bancos. Al estallar la burbuja inmobiliaria del siglo XXI, han sido, y son estos, quienes están marcando el valor de mercado de las edificaciones que ya no se encuentran accesibles a la clase trabajadora. Son las entidades financieras quienes determinan a quién se le concede el préstamo o el valor de mercado de determinados inmuebles que dinamitan al sector privado.
Triste es el panorama actual. En la actualidad las Viviendas de Protección Pública han terminado en fracaso. Apenas se construyen pisos de esta tipología en la Comunidad Valenciana (datos marzo 2017). El mercado no da para ello. Las ventas de las ya edificadas son residuales. La falta de rentabilidad de estos proyectos, la trabas burocráticas, la rigidez de la legislación, la caída de los precios de la vivienda libre, la ausencia de financiación y los recortes de las políticas públicas han condenado a la VPO. Ya no interesa al político de turno construir viviendas para rentas menos favorecidas.
Las cifras que ofrece el Ministerio de Fomento al respecto son contundentes. El mercado de la vivienda protegida permanece en encefalograma plano. En 2016 se ratificó la particular crisis del ladrillo protegido, y es lo que lleva ocurriendo desde mediados de 2014, cuando se paró definitivamente. El panorama es desolador.
Según las cifras de Fomento, entre 2014 y 2016 (últimos datos disponibles), en la Comunidad Valenciana sólo se han terminado 338 viviendas de protección pública incluidas en los distintos planes impulsados por las administraciones central y autonómica. Son los pocos restos de los proyectos que quedaban pendientes de ejecutar y que sobrevivieron a los recortes. Es más, desde noviembre de 2015, que se finiquitaron 23 pisos, no se ha finalizado ningún inmueble más, es decir, no ha habido más VPO que haya obtenido la calificación definitiva por la cual se otorgan definitivamente los derechos y obligaciones derivados del régimen legal de protección, y que suponen que la edificación cumple con los requisitos técnicos y legales vigentes.
Aquí se incluyen las viviendas protegidas de nueva construcción sujetas a distintos regímenes de protección promovidas en el ámbito de planes estatales y autonómicos, ya sean de promotores públicos o privados.
Y si apenas se terminan viviendas protegidas, la construcción de nuevas no arranca. En 2016 se inició la edificación de 125 viviendas protegidas nuevas en toda la Comunidad Valenciana. Un año antes se comenzaron 145; en 2014, unas 126, y en 2013, otras 113. En los años del boom se iniciaban entre 4.000 y 8.000 viviendas cada ejercicio.
Si se comparan las cifras de viviendas libres iniciadas con las de pisos protegidos comenzados, el balance es revelador. En la Comunidad Valenciana, se inicia la construcción de una VPO por cada 40 viviendas libres que se empiezan a edificar. Con las ventas sucede algo similar: por cada venta de vivienda protegida que se produce, se comercializan diez viviendas libres; esto se debe a las duras de condiciones de comercialización de este tipo inmuebles en el mercado.
¿Y por qué no se construye VPO? Por varias razones, pero fuentes del sector inmobiliario coinciden en que no es rentable hacer vivienda protegida. Los promotores señalan que las ayudas públicas para este tipo de proyectos son mínimas, y se da la circunstancia de que los precios de la vivienda protegida y de la libre se han equiparado en los últimos años, con lo que las empresas se inclinan por la segunda opción (sobre todo después de la crisis), ya que los beneficios son mayores y las limitaciones y trabas administrativas para vender y alquilar a un determinado precio son menores; todo depende de la oferta y la demanda, lo que no sucede con la VPO. Todo esto provoca que se acumulen bolsas de suelo para VPO que se quedan sin construir.
El hecho de que una parte importante de las VPO construidas en el periodo 2008-2012 sigan vacías por la renuncia de los compradores (no consiguieron financiación de los bancos) también frena los nuevos proyectos. Mejor no construir que fracasar y gastar un dinero que no sobra.
Para frenar los desahucios intolerables, reconducir el mercado inmobiliario, extirpar la lacra de los OKUPAS (que actúan muchas veces porque no les queda más remedio), fomentar la construcción, acabado de obras (es inmenso el panorama de obras esqueléticas que rodean muchas ciudades), o rehabilitación de viviendas, se necesita una intervención administrativa similar a la que en sus orígenes permitió el acceso a una vivienda digna para todos.
La vivienda digna no es solo un derecho, es un deber del gobernante para sus ciudadanos. Las políticas fiscales y recaudatorias carecen de sentido si no existen políticas de desarrollo racionales y nacionales.

Beato Pedro Gambacorta (oración)



El pasado sábado, 17 de junio, se celebraba la festividad del Beato Pedro Gambacorta, fundador de la Orden de los Eremitas de San Jerónimo, cuyos primeros religiosos fueron ladrones que él mismo había convertido (año 1435).

          Recemos por los políticos que hacen un uso indebido de sus funciones, por los ladrones, por los usureros, los sinvergüenzas, para que mediante la intercesión del Beato Pedro Gambacorta, regresen a la paz, el amor y la reconciliación con Nuestro Señor.

La Cataluña naciente, financiada por la Córdoba califal



Resumen de un interesante artículo publicado por Carmen Panadero Delgado el Viernes, 26 de mayo de 2017 en la revista digital lasnuevesmusas.com

Al finalizar cuelgo el enlace para acceder al artículo completo.

Los catalanes, enfurecidos por su derrota y a falta de tener a mano al enemigo bereber, se desquitaron con los desventurados cordobeses, entregándose ciegos de ira al pillaje y otras violencias.
      Fueron los cordobeses quienes, a su pesar, financiaron lo que vendría a ser el germen de Cataluña.
Durante el reinado de Hixem II, hijo de al-Haqem II, el Califato de Córdoba inicia su descomposición, debido en gran medida a los abusos cometidos por Sanchuelo (segundo hijo de Almanzor). En consecuencia, se genera contra el débil soberano un levantamiento en Córdoba, que eleva al trono a otro príncipe omeya, al-Mahdi. Pero los beréberes, grupo étnico de enorme peso entonces en la vida política y militar de al-Ándalus, odiados por los cordobeses, disconformes, eligieron a su propio califa, Suleymán, un omeya débil que se dejase manejar por ellos. Ambos partidos se enfrentaron para disputarse el trono, y al-Mahdi resultó vencido por los berberiscos en la batalla de Qantich (Alcolea- Córdoba), viéndose forzado a huir. En Toledo fue recibido con grandes manifestaciones de júbilo y aclamado como su único califa.
El monarca elegido por los beréberes sólo había sido reconocido por las provincias más meridionales, todas las del Norte y las fronteras, desde Tortosa hasta Lisboa, que permanecían fieles a al-Mahdi. Los beréberes determinaron ir contra Toledo, pero el walí de las fronteras medias, el eslavo Wadhid declaró una vez más su lealtad a al-Mahdi, poniendo todo su ejército y el de los eslavos al servicio de la causa de este.       
                Los bereberes consiguieron el apoyo del Conde de Castilla contra al-Mahdi a cambio de varias ciudades y plazas.
                Wadhid y su califa solicitaron la ayuda de los condes catalanes Ramón Borrell III de Barcelona y Armengol de Urgel. Para lograr la alianza hubieron de prometer todo lo que les pidieron: cien dinares al día para cada conde y dos para cada soldado, todos los víveres y el vino que fueran menester para tan gran multitud, además del botín que se lograra de los beréberes y que no habrían de compartir. Con un gran ejército catalán (barceloneses, urgelenses y besaluneses), unido a cordobeses y eslavos amiríes (los leales al difunto Almanzor y sus hijos), las tropas de al-Mahdi se dirigieron hacia Córdoba, resueltas a recuperarla.
          Los beréberes les salieron al encuentro, y ambas huestes se avistaron en un lugar llamado Aqabat al- Baqar o Cuesta de los Bueyes (El Vacar), a menos de cuatro leguas al norte de Córdoba. Cargaron con tal ímpetu contra las fuerzas de su rival que acabaron con numerosos combatientes contrarios; allí, cordobeses, eslavos y hasta setenta caudillos catalanes vertieron su sangre y, entre estos, el conde de Urgel, Armengol, y los obispos Odón de Gerona y Arnulfo de Vic. Pese a todo, el ejército berberisco erró en su estrategia, y los que ya se creían vencedores se desbandaron con gran desorden, regresando a Medina al-Zahãra, donde tenían su cuartel general.    
         El ejército del califa al-Mahdi se alzó con la victoria, quedó dueño del campo y se hizo con rico botín, entrando poco después victorioso en la capital califal. Los desventurados cordobeses, que ya habían sufrido antes el saqueo de beréberes y castellanos, hubieron de padecer ahora los excesos de los catalanes. Estaba el pueblo hastiado de los males de aquella guerra que tan sin fruto hacían, pues, siendo la mayoría de sus lances en el interior de la misma ciudad, eran por ello más graves y sensibles los horrores que soportaban. Cuando la población supo que los vencidos berberiscos evacuaban Medina al-Zahãra con sus familias, corrieron hacia allá y destrozaron sus casas, arrebatando cuanto a su paso hallaron: tapices, lámparas, muebles y hasta ejemplares del Corán.
        Tras la entrada triunfal de al-Mahdi en Córdoba, ordenó gravar a la población con un impuesto extraordinario para poder pagar la soldada  convenida a sus refuerzos catalanes. Entre tanto, los beréberes, con sus miras puestas en Algeciras, avanzaban hacia el Sur saqueando, despechados, todo cuanto hallaban en su camino. Pero al-Mahdi, sabiéndolos vencidos y "apremiado por los catalanes", decretó que su ejército los siguiera para exterminarlos y asegurar la victoria.
           Sin embargo, los beréberes volvieron atrás y se reagruparon junto al río Guadiaro (otros dicen que el Guadaíra. Exasperados por la reciente derrota y con afán de venganza, arremetieron contra el ejército que integraban cordobeses, eslavos y catalanes, batiéndose con gran saña. Los aliados de al-Mahdi comenzaron la lid defendiéndose con brío, mas, al punto, quienes estaban en la vanguardia no se sabe qué vieron o qué temieron, pero lo cierto es que tornaron bridas y, desordenados, huyeron a rienda suelta atropellando a las líneas que los seguían y quedando el campo desbaratado. Tras recejar, fueron vencidos con cruel matanza y muchos perecieron arrastrados por la corriente del río. Gran número de eslavos y cordobeses fueron despedazados en aquellos campos; pareja suerte corrieron más de tres mil catalanes, además de ser despojados del botín de su victoria anterior y de los cinturones que llevaban repletos de dinares de oro y dirhems de plata. Culpándose unos a otros de la mala ventura de la guerra, retornaron a Córdoba las reliquias del vencido ejército para protegerse tras sus recias murallas.    
Los catalanes, enfurecidos por su derrota y a falta de tener a mano al enemigo bereber, se desquitaron con los desventurados cordobeses, entregándose ciegos de ira al pillaje y otras violencias.
Tan injusta e imprevista crueldad de parte de sus aliados anonadó a la población, pues no solo saquearon comercios, zocos, casas, palacios, harenes, sino hasta las mezquitas.
           Las mesnadas catalanas regresaron sin gloria, pero inmensamente ricas tras saquear a sus aliados y recobrar sus desproporcionadas soldadas. Aquel ingente tesoro que portaban consigo contribuyó a mejorar la situación que hasta entonces vivieran, influyendo en su devenir político y social:
Los condados catalanes llevaban algunos años procurando conseguir la unidad de sus diferentes feudos, cuya división lastraba su progreso económico, su avance social y hasta su defensa frente al enemigo. Los anteriores intentos por lograr esa unidad, llevados a cabo por los condes y otros seniores de natura o de rango baronial junto con los obispos —sobre todo los de Vic y Ripoll— habían fracasado siempre por falta de recursos. Pero la situación iba a cambiar mucho tras el saqueo de Córdoba.          
Cómo debió de ser aquel saqueo que el precio del oro bajó no solo en el noreste peninsular, sino también en el sur y sureste de Francia. Y en aquel mismo año, convocados en Vic, lograron al fin la unidad de feudos y condados a que aspiraban y que antes se les resistiera —los condados de Barcelona, Gerona y Ausona conformaron un núcleo político que se hizo con el liderazgo unificador e influyente en el resto—, al mismo tiempo que por iniciativa de Oliba,  nieto de Wifredo el Velloso, además de abad de Ripoll y obispo de Vic, pudieron repoblarse amplias extensiones de tierras catalanas, como Calaf, el Bages y la Segarra, Anoia, la Conca de Barberá y el Campo de Tarragona,  logrando así delimitar y asegurar sus fronteras, sobre todo en Tarragona y Tortosa. Sobraron, además, recursos para engrandecer su incipiente flota con nuevos encargos de navíos a los astilleros de Génova y Venecia; aquel botín les había proporcionado el caudal necesario para lanzar también su desarrollo mercantil.              
Es hecho muy probado que los cordobeses financiaron la Cataluña naciente.   

Puedes leer el texto original e integro en el enlace:





Daniel Faria



"No creo que cada uno tenga su lugar.
Creo que cada uno es un lugar para los demás."
Daniel Faria







 

Sabiduria.

Los labios de la sabiduría permanecen cerrados, excepto para el oído capaz de comprender

– Contra hidalguía en verso -dijo el Diablillo- no hay olvido ni cancillería que baste, ni hay más que desear en el mundo que ser hidalgo en consonantes. (Luis Vélez de Guevara – 1641)

La Corona de Uganda

La Corona de Uganda

Seguidores

Páginas vistas en total

Mi lista de blogs