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Mostrando entradas de octubre, 2011

Nosotros los sin techo

Nosotros, los sin techo, los que nada tenemos, los que todo perdemos, que nos roban la vida con mil rencillas y odios. Los que creemos aún en Dios, los que a Dios olvidamos, somos los que pedimos: amar y ser amados, escuchar y ser escuchados, ayudar y ser ayudados, perdonar y ser perdonados, porque solo escuchando ayudas y solo ayudando perdonas y solo perdonando amas.  Miguel Navarro.
Si tus dedos acarician el sueño de una estrella  y tienes una idea hermosa y bella; si llenas tus pulmones con aroma de nenúfares entonando canciones que recuerdan cantares, y hablan de amores en resecos corazones; si tu ilusión no está perdida entre flores marchitas; si en la cruel derrota te levantas a luchar, con el alma maltrecha y rota; si las fuerzas enemigas te superan en número y no importa lo que digas, sino lo que hagas y vivas, Grita. Grita cuanto puedas. Despliega banderas al viento y avanza sin remordimiento, pues con triunfo o fracaso, renaciendo o muriendo, al amanecer o al ocaso, subiendo o cayendo, tus oídos podrán escuchar el suave rumor celestial que sigue creyendo en tu pequeño ideal.
Miguel Navarro

Otro soneto de Quevedo

Mandóme, ¡ay Fabio!, que la amase Flora, y que no la quisiese; y mi cuidado, obediente y confuso y mancillado, sin desearla, su belleza adora.
Lo que el humano afecto siente y llora, goza el entendimiento, amartelado del espíritu eterno, encarcelado en el claustro mortal que le atesora.
Amar es conocer virtud ardiente; querer es voluntad interesada, grosera y descortés caducamente.
El cuerpo es tierra, y lo será, y fue nada; de Dios procede a eternidad la mente; eterno amante soy de eterna amada

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