Nosotros los sin techo

Nosotros, los sin techo,
los que nada tenemos,
los que todo perdemos,
que nos roban la vida
con mil rencillas y odios.
Los que creemos aún en Dios,
los que a Dios olvidamos,
somos los que pedimos:
amar y ser amados,
escuchar
y ser escuchados,
ayudar
y ser ayudados,
perdonar
y ser perdonados,
porque solo escuchando
ayudas
y solo ayudando
perdonas
y solo perdonando
amas.  Miguel Navarro.
Si tus dedos acarician
el sueño de una estrella
 y tienes una idea hermosa y bella;
si llenas tus pulmones
con aroma de nenúfares
entonando canciones
que recuerdan cantares,
y hablan de amores
en resecos corazones;
si tu ilusión no está perdida
entre flores marchitas;
si en la cruel derrota
te levantas a luchar,
con el alma maltrecha y rota;
si las fuerzas enemigas
te superan en número
y no importa lo que digas,
sino lo que hagas y vivas,
Grita. Grita cuanto puedas.
Despliega banderas al viento
y avanza sin remordimiento,
pues con triunfo o fracaso,
renaciendo o muriendo,
al amanecer o al ocaso,
subiendo o cayendo,
tus oídos podrán escuchar
el suave rumor celestial
que sigue creyendo
en tu pequeño ideal.
Miguel Navarro

Otro soneto de Quevedo

Mandóme, ¡ay Fabio!, que la amase Flora,
y que no la quisiese; y mi cuidado,
obediente y confuso y mancillado,
sin desearla, su belleza adora.

Lo que el humano afecto siente
y llora, goza el entendimiento,
amartelado del espíritu eterno, encarcelado
en el claustro mortal que le atesora.

Amar es conocer virtud ardiente;
querer es voluntad interesada,
grosera y descortés caducamente.

El cuerpo es tierra, y lo será, y fue nada;
de Dios procede a eternidad la mente;
eterno amante soy de eterna amada
– Contra hidalguía en verso -dijo el Diablillo- no hay olvido ni cancillería que baste, ni hay más que desear en el mundo que ser hidalgo en consonantes. (Luis Vélez de Guevara – 1641)

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