Un godo, que una cueva en la montaña - Soneto de D. Francisco de Quevedo.

A continuación un soneto interesante de D. Francisco de Quevedo y Villegas, que medita sobre nuestra Patria. Tengamos en cuenta que el Godo es don Pelayo; los herederos, los Reyes Católicos, cuyo casamiento abrió las puertas al dominio de Europa. Por otro lado la muerte del rey Don Sebastián, hizo que Portugal pasara a España y su bandera ondeara en nuestros castillos. Los últimos versos impresionan hasta lo más profundo del alma ibérica.


Un godo, que una cueva en la montaña
guardó, pudo cobrar las dos Castillas;
del Betis y Genil las dos orillas,
los herederos de tan grande hazaña.

A Navarra te dio justicia y maña,
y un casamiento, en Aragón, las sillas
con que a Sicilia y Nápoles humillas
y a quien Milán espléndida acompaña.

Muerte infeliz en Portugal arbola
tus castillos. Colón pasó los godos
al ignorado cerco de esta bola.

Y es más fácil, ¡oh España, en muchos modos,
que lo que a todos les quistaste sola

te puedan a ti sola quitar todos.



"Allá van leyes, donde quieren Reyes" de Guillén de Castro


A continuación transcribo el texto íntegro de la obra de teatro “Allá van leyes, donde quieren Reyes”, del valenciano  Don Guillén de Castro.
Recordemos que en el Barroco cambia el concepto de Monarquía legítima con respecto al Renacimiento. En el segundo, la Monarquía ilegítima es aquella que no corresponde a la sucesión real del monarca, mientras que en la época de Guillén de Castro, el monarca puede ser considerado ilegítimo cuando no cumple con la misión a la que se encuentra encomendado. Así lo avalan numerosos textos del XVII y, por citar algunos ejemplos, podemos verlos reflejados en las obras de Diego Saavedra Fajardo (“Idea de un príncipe político cristiano, representada en cien empresas”) o de Calderón de la Barca (“La vida es sueño” ) y Lope de Vega  (“El mejor Alcalde, el Rey” por citar alguna de ellas) .
Nuestro autor, juega con esa ambigüedad del título frente a algunos autores contrarios a la monarquía, que ya los había, y que iban contra la naturaleza fundamental de la cohesión nacional y de la sociedad.
La obra narra las desventuras amorosas de Don Lorenzo de Acuña provocadas por un Rey que carece de esa razón de estado antes mencionada. Sin embargo, el arrepentimiento y la necesidad de cumplir cada uno con su destino y con su rol social, dan un giro necesario en la pieza teatral.
Se dice que está atribuida a Guillén pero puede ser que tuviese cierta ayuda pues, aunque en  la mayoría del texto se observa la mano innegable de nuestro aventurero escritor (ver otra entrada anterior publicada en este mismo blog) es cierto que cambia de estilo, e incluso de versificación a partir del momento en que Don Lorenzo se dirige al Rey para solicitar clemencia, pues pasa además de octosílabos a endecasílabos. Sin embargo retorna el estilo de Castro para determinar el clímax de la obra y su resolución.
A continuación puedes leer el texto íntegro de la obra. También cuelgo el enlace de la Biblioteca Virtual Cervantes donde puedes leerla en pdf.

 ALLA VAN LEYES, DONDE QUIEREN REYES.
DE DON GUILLEN DE CASTRO.



PERSONAJES:
El Rey.
El Infante.
El Conde Barcelos.
Don Alonso Viejo.
Don Lorenzo de Acuña.
Salmerón Lacayo.
Un Secretario.
Páez Hayo.
Don Álvaro niño.
Un criado.
Un Villano.
Doña Leonor Dama.
Doña María Dama.
Una criada.



JORNADA PRIMERA.

Salen Leonor y Doña María.
Doña María.-                     ¿Yo poca razón?
Doña Leonor.-                                                  Muy poca.
Doña María:-                    Bien por cierto así será.
Doña Leonor.-                  Si respondéis necia y loca,
mi chapín os volverá
las palabras a la boca.  
Doña María.-                     Señora doña Leonor
no traiga rayo ese trueno
que yo en materia de honor
y de gusto, malo o bueno,
no tengo hermana mayor.

Sale don Alonso, su padre.
Don Alonso.-                     ¿Qué es esto hijas?
Doña Leonor.-                                 Da muestra,
señor, mi hermana, atrevida,
de la desventura nuestra.
Don Alonso.-                     Decid verdad por mi vida.
Doña Leonor.-                  Por la mía y por la vuestra.
Don Alonso.-                     Decid pues.
Doña Leonor.-                                 Porque castigo
con quejas sus liviandades,
enojándose conmigo,
me dice mil libertades.
Doña María.-                     No las hago si las digo.
Doña Leonor.-                  Pues ¿cómo se llamarán
a las que hace cada hora
con el infante Don Juan
que como amante la adora
y sirve como galán,
siendo su competidor
el de Barcelós?
Doña María                                                       ¿Sabéis

Retrato, Antonio Machado.

Hoy me identifico con este poema de Antonio Machado.
Dejo correr sus versos que desbordan mi sangre con recuerdos, con sueños que inundan sentimientos, con tiempos idos que jamás regresarán.

RETRATO

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
—ya conocéis mi torpe aliño indumentario—,
más recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.

Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.

¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.

Converso con el hombre que siempre va conmigo
—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.

Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.

Y cuando llegue el día del último vïaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje, 
casi desnudo, como los hijos del mar.








No sabes como sucede

No sabes como sucede
pero de lejos viene.
Una tarde que anochece
detrás de una esquina oscura,
Una voz que estremece,
Una boca que te adula,
Una mentira que florece

No sabes como sucede
pero ya está tan cerca,
escondida tras la nube
escondida tras la brisa
de tan sutil perfume,
de tan triste fragancia
que te abraza y que te adora
que te atrapa y que te envuelve

No sabes como sucede
No sabes de donde viene
Pero te atrapa y te muerde
Y un día al despertar
de ti nada queda ya,
tan solo queda el dolor
de la vida que se va,
que se va y que no vuelve,
que regresa y que se pierde
en la tarde que anochece,
en la tristeza de un perfume,
en el adiós para siempre.

No sabes como sucede
pero el hecho es que sucede
que la vida se te va
y ya nada quedará.
Tan solo te dolerá
el abrazo pendiente,
el beso por regalar,
el sueño por soñar.

Y mañana al despertar
de ti nada quedará
Que la vida es un fugaz
sueño que desaparece.
Y el dolor de vivir
es el tiempo que perdí,
es el hombro que no di,
es el beso que no viví.

No sabes cómo sucede.
No sabes de donde viene.
Pero sabes que viene
y que te atrapará.
No dolerá el dolor
que por dolor mayor será
la tristeza de unos ojos,
la soledad de un  hogar

No sabes de donde viene,
ni cómo te llevará
Pero todo dejarás
y mañana al despertar
nadie te acariciará..
Atrás se  quedarán
lágrimas por llorar
sueños por lograr
versos para derramar.

Y mañana al despertar
de ti nada quedará,
tan solo lamentarás
ese abrazo que perdí,
ese beso que no di.

No sabes cómo sucede.
No sabes de donde viene
pero viene y te sorprende
cuando nadie te comprende
que queda tanto por vivir,
quedan risas por reír.
quedan sueños por compartir.

No sabes cómo sucede.
No sabes de donde viene
pero viene y te sorprende
 como ladrón en la noche,
como beso sin reproche.
No sabes cómo sucede.
No sabes de donde viene









Fragmento de "El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha" de Miguel de Cervantes.

Fragmento del Quijote.
Capítulo XXV

Merece la pena meditarlo por si sabemos lo que soñamos o soñamos lo que sabemos; que no es más loco el que cree en su verdad que el que la niega aferrándose a la realidad. Poética semblanza de un sueño.


“Así que, Sancho, por lo que yo quiero a Dulcinea del Toboso, tanto vale como la más alta princesa de la tierra. Sí, que no todos los poetas que alaban damas, debajo de un nombre que ellos a su albedrío les ponen, es verdad que las tienen. ¿Piensas tú que las Amariles, las Filis, las Silvias, las Dianas, las Galateas, las Alidas y otras tales de que los libros, los romances, las tiendas de los barberos, los teatros de las comedias, están llenos, fueron verdaderamente damas de carne y hueso, y de aquéllos que las celebran y celebraron? No, por cierto, sino que las más se las fingen, por dar sujeto a sus versos y porque los tengan por enamorados y por hombres que tienen valor para serlo. Y así, bástame a mí pensar y creer que la buena de Aldonza Lorenzo es hermosa y honesta; y en lo del linaje importa poco, que no han de ir a hacer la información de él para darle algún hábito, y yo me hago cuenta que es la más alta princesa del mundo.
Porque has de saber, Sancho, si no lo sabes, que dos cosas solas incitan a amar más que otras, que son la mucha hermosura y la buena fama; y estas dos cosas se hallan consumadamente en Dulcinea, porque en ser hermosa ninguna le iguala, y en la buena fama, pocas le llegan. Y para concluir con todo, yo imagino que todo lo que digo es así, sin que sobre ni falte nada; y píntala en mi imaginación como la deseo, así en la belleza como en la principalidad, y ni la llega Elena, ni la alcanza Lucrecia, ni otra alguna de las famosas mujeres de las edades pretéritas, griega, bárbara o latina. 
Y diga cada uno lo que quisiere; que si por esto fuere reprehendido de los ignorantes, no seré castigado de los rigurosos."


Presentación en Valencia.

– Contra hidalguía en verso -dijo el Diablillo- no hay olvido ni cancillería que baste, ni hay más que desear en el mundo que ser hidalgo en consonantes. (Luis Vélez de Guevara – 1641)

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